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Fuente: ojocientifico.com |
¿En cuántas ocasiones nos ha
ocurrido que nuestra mano y nuestro cerebro se han distanciado lo suficiente
como para no tener ganas de pintar? ¿Han sido circunstancias pasajeras, tareas
que nos restan tiempo, un arrebato de inseguridad, la pérdida de sentido de
todo esto?
Para quien se dedica a esta
tarea como única actividad debe ser fácil, al menos en la cuestión creativa.
Para quien, como yo, se busca la vida de otra manera no lo es por muchos
motivos que aquí no vienen al caso.
Leo, escucho y vivo en mi
piel “lo mal que está todo”. Respecto a la escena artística, no dejan de llegar
señales de que la cosa no va, excepto para unos cuantos, los consagrados. En
los medios, profesionales, galeristas y gente del mundillo mastican la misma
idea, super IVA incluido.
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Alberto Reina. Donde secretamente moras s/n, 2002. Óleo/lienzo. |
Como si ya uno no tuviera el
cerebro bien dividido por el cuerpo calloso, flaco favor me hacen si me
recuerdan que lo mismo debo emplear el tiempo en algo “de más provecho”. ¡Un
comentario un poco canalla!
Hace poco leí, no sé dónde
ni quién lo decía, que a los nuevos “artistas”, en lugar de favorecerles con
ayudas e impulsarles para que desarrollen su obra, había que hacerles lo
contrario, dejarlos a su suerte para que sólo sobrevivan aquellos que realmente
valen. Una extinción natural en toda regla.
Bueno, pues esto tampoco va
conmigo, porque yo nací extinguido, sólo soy un pintador de cuadros y de “nuevo”
tengo poco. Así, sin darme cuenta, en julio haré 20 años con un pincel en la
mano. Me felicito por ello, a pesar de las circunstancias.
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Alberto Reina. Donde secretamente moras s/n, 2002. Óleo/lienzo. |
Visto el panorama, es cierto
que a veces uno flaquea y se inclina sobre su hemisferio izquierdo para
preguntarse sobre los motivos de tanta insistencia.
Mi leitmotiv está bajo
llave, tras una puerta metálica y reposando en la oscuridad. Enciendo las luces
y recupero algunos cuadros antiguos de los rincones. Me siento y los miro
largamente. Aparecen los detalles, el ojo empieza a enamorarse de cosas y me
recorre un cosquilleo. Es entonces cuando se disipan las dudas. El porqué de
que esto merezca la pena lo tengo delante.
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Alberto Reina. Detalles de cuadros anteriores, 2002. |
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