Un año más está llegando la
Navidad. Por esta parte del planeta es
difícil ignorar tales fechas de celebración ininterrumpida. Un antes, durante y
después al que no escapan creyentes ni escépticos.
Para bien o para mal, e
independientemente del significado religioso, el gigantesco aparato navideño
trabaja incansable para conseguir sus objetivos: un plus de consumo, afecto y
solidaridad. Estas palabras tampoco vendrían mal el resto del año.
Para no desentonar en
exceso, esta casa, durante estos días, se vestirá de luz.
No vais a ver nada nuevo,
sólo he recuperado algunas piezas anteriores en cera de parafina a las que he
aplicado el milagro de la luz.


