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domingo, 27 de enero de 2013

El perro de Goya.


La otra tarde hablaba con un amigo sobre las influencias que recibimos de uno u otro autor a la hora de trabajar. A veces la intuición nos mueve a buscar la compañía de afines con los que compartir lo que creemos como unas cuantas verdades en esto de mirar. Si esos encuentros enriquecen nuestro camino, mucho mejor.

Igual pasa con los motivos que nos inspiran. Está claro que nunca creamos de la nada, aún cuando haya que rastrear a fondo en nuestro inconsciente.

He intentado varias veces desmontar un viejo lienzo del 2002 para reutilizar el bastidor. El cuadro nunca llegó a nada y la tela se ha ido apulgarando. A pesar de ello, cada vez que lo intento, doy marcha atrás por no sé qué extraña asociación de ideas. Lo miro y en mi cerebro aparece el “perro semihundido” de Goya.

domingo, 28 de octubre de 2012

Un post equivocado.

Tate Modern Art. Londres, 2012

Lo bueno que tiene estar rodeado de cuadros, sean propios o ajenos, es que siempre hay algo que mirar y en ocasiones algo de lo que disfrutar.

¿Os ha ocurrido alguna vez que una persona os esté hablando y haces como que escuchas pero toda tu atención está volcada en la  pantalla del televisor? ¿Os ha pasado que, aunque estés atento a lo que te dicen, de vez en cuando tus ojos se desvían casi inconscientemente a algo que  llama fuertemente tu atención o de lo que no quieres perder detalle? A veces nos ocurre hasta con cosas irrelevantes que nos atrapan sin remedio.