La otra tarde hablaba con un
amigo sobre las influencias que recibimos de uno u otro autor a la hora de trabajar. A veces la intuición nos mueve a buscar la compañía de afines con
los que compartir lo que creemos como unas cuantas verdades en esto de mirar. Si esos encuentros enriquecen nuestro camino, mucho mejor.
Igual pasa con los motivos
que nos inspiran. Está claro que nunca creamos de la nada, aún cuando haya que
rastrear a fondo en nuestro inconsciente.
He intentado varias veces
desmontar un viejo lienzo del 2002 para reutilizar el bastidor. El cuadro nunca
llegó a nada y la tela se ha ido apulgarando. A pesar de ello, cada vez que lo
intento, doy marcha atrás por no sé qué extraña asociación de ideas. Lo miro y
en mi cerebro aparece el “perro semihundido” de Goya.

